3 cosas que quizás no sabías de Frida Kahlo antes de Viva Frida en el Malba

Hay artistas que reconocemos apenas vemos una imagen de ellos. Frida Kahlo es, sin dudas, una de esas artistas.

Las flores en el pelo, las cejas juntas, los vestidos coloridos, los autorretratos. Frida se convirtió en un ícono que trascendió el mundo del arte y terminó formando parte de la cultura popular.

Pero detrás de esa imagen tan reconocible hay una mujer con una historia muchísimo más compleja.

Y eso es justamente lo que me interesa de Viva Frida, la muestra que llega al Malba: la posibilidad de acercarnos a Frida no solamente a través de sus pinturas, sino también a través de sus objetos personales, su ropa, sus cartas y aquellas cosas que formaron parte de su vida cotidiana.

Antes de visitarla, quiero contarte tres cosas sobre Frida Kahlo que quizás no sabías.

1. El vestido tehuano no era solamente una cuestión estética

Cuando pensamos en Frida Kahlo, probablemente una de las primeras imágenes que aparecen en nuestra cabeza sea ella usando sus característicos vestidos largos, acompañados por flores y accesorios.

Pero el vestuario de Frida no era simplemente una elección estética.

Entre las prendas que adoptó se encuentran los trajes tehuanos, originarios de la región del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Allí, las mujeres tuvieron históricamente un papel social y económico muy importante dentro de sus comunidades.

Para Frida, vestir estas prendas también fue una manera de construir una identidad.

Su ropa hablaba de México, de sus raíces, de su manera de entender la cultura y también de cómo quería presentarse frente al mundo.

No era simplemente “ponerse un vestido lindo”.

Era una declaración.

Frida convirtió su propia imagen en parte de su obra. Eligió colores, peinados, accesorios y prendas que terminaron formando un lenguaje visual propio.

Por eso, cuando vemos sus fotografías, sus autorretratos o incluso los objetos que utilizaba, resulta difícil separar a la artista de la persona que decidió construir esa imagen.

2. El dolor también formó parte de su historia y de su obra

La historia de Frida Kahlo está atravesada por el dolor físico.

De niña tuvo poliomielitis, una enfermedad que afectó una de sus piernas.

Pero el episodio que cambiaría definitivamente su vida ocurrió cuando tenía apenas 18 años. El 17 de septiembre de 1925 sufrió un gravísimo accidente cuando el autobús en el que viajaba chocó.

Las consecuencias fueron enormes y Frida pasó gran parte de su vida enfrentando operaciones, tratamientos y períodos de inmovilidad.

Durante esos años utilizó diferentes corsés ortopédicos, algunos de los cuales terminó interviniendo y decorando ella misma.

Y acá aparece algo que me parece fascinante: incluso aquello que estaba relacionado con su dolor físico podía transformarse en una forma de expresión.

Frida pintaba, escribía y decoraba objetos relacionados con su propio cuerpo.

El corsé dejó de ser solamente un elemento médico y pasó a formar parte de su universo visual.

Su cuerpo, sus heridas, sus operaciones y el dolor aparecen también en muchas de sus pinturas.

No como algo separado de su obra, sino profundamente conectado con ella.

Cuando conocemos esta parte de su historia, sus autorretratos pueden empezar a mirarse de otra manera.

3. Sus objetos personales estuvieron escondidos durante 50 años

Y quizás este sea uno de los datos que más sorprenden.

Después de la muerte de Frida Kahlo, en 1954, muchos de sus objetos personales quedaron guardados dentro de la Casa Azul, su hogar en Coyoacán, Ciudad de México.

Durante aproximadamente cinco décadas permanecieron fuera de la vista del público.

Ropa, zapatos, cartas, fotografías, objetos personales y elementos relacionados con su vida cotidiana quedaron allí, guardados.

Recién en 2004, después de la apertura de esos espacios, muchos de estos objetos volvieron a salir a la luz.

De repente, aquello que durante años solamente había pertenecido a la intimidad de Frida podía empezar a ser visto por otras personas.

Y eso cambia la manera de acercarnos a un artista.

Porque una pintura nos muestra lo que quiso expresar.

Pero un vestido, una carta, un par de zapatos o un objeto cotidiano también pueden contarnos algo sobre la persona que existió detrás de esa obra.

Ahora, todo eso llega a Sudamérica

Y por eso Viva Frida me parece una muestra especialmente interesante.

La exposición reúne 365 objetos personales de Frida Kahlo, que salen de la Casa Azul y llegan por primera vez a Sudamérica.

Entre ellos hay trajes tehuanos, corsés, joyas, cartas y otros objetos que permiten acercarse a distintas facetas de su vida.

No se trata solamente de ir a mirar “cosas de Frida”.

Se trata de tener la oportunidad de observar de cerca elementos que estuvieron ligados a su cuerpo, a su identidad y a su vida cotidiana.

Y quizás después de conocer estas historias, algunas imágenes que ya creíamos conocer empiecen a decirnos algo diferente.

Frida también está en SilverMoon

Tengo que reconocer algo.

En SilverMoon, Frida ya estaba presente antes de esta muestra.

Tengo mi campera, musculosa, calza y tote con su imagen.

Pero después de investigar un poco más sobre su historia, siento que ahora las voy a mirar distinto.

Porque Frida no fue solamente una pintora.

Fue una mujer que transformó su dolor, su cuerpo, su identidad y su manera de mostrarse ante el mundo en parte de su lenguaje artístico.

Y quizás ahí está una de las cosas que más me gustan del arte: una obra puede acompañarnos durante años y, de repente, una historia nueva hace que volvamos a mirarla con otros ojos.

Viva Frida llega al Malba para acercarnos justamente a esa otra Frida: la de los objetos personales, la ropa, las cartas, los corsés y las pequeñas cosas que también construyeron su historia.

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