Hay un museo en Viena que te cambia la forma de mirar el arte para siempre.
El Palacio Belvedere alberga El beso de Gustav Klimt, una obra monumental de casi dos metros por dos metros, confeccionada con láminas de pan de oro real aplicadas minuciosamente sobre el lienzo. En una lámina de fotocopia o en una pantalla de celular, es una imagen recontra conocida y masificada. Pero estar parado frente a ella, en persona, es una experiencia completamente distinta.
Klimt fundó la Secesión Vienesa en 1897 tras romper con la academia oficial de arte de Viena. Se cansó de las reglas de otros, de la moldería estética de la época y de los mandatos de lo que "debía" ser considerado arte. Se rebeló mezclando oro, patrones geométricos, misticismo y, sobre todo, la representación de cuerpos reales y sensuales en una época en la que eso era visto como algo sumamente escandaloso.
Yo estuve ahí en 2019. Me acuerdo perfecto del momento: tardé un largo rato en poder moverme de esa sala. Había algo en la textura de la pintura, en el brillo sutil y en la dignidad con la que Klimt retrataba la emoción humana que se me quedó grabado para siempre.
Años después, cuando creé Silver Moon, entendí que ese impacto no podía quedarse guardado únicamente en un álbum de fotos de viaje. Si el arte nos atraviesa, nos conmueve y nos define, tenía todo el sentido del mundo llevarlo en el cuerpo, puesto en la calle y en el día a día. Por eso Klimt terminó convirtiéndose en una de las estampas fundamentales de nuestro taller.
Pero llevar obras de arte en la indumentaria solía ser una frustración para muchas de nosotras: la industria de la moda siempre asoció el diseño "sofisticado" o cultural a talles diminutos, o nos ofrecía estampas genéricas e industriales sobre telas de mala calidad. Si no encajabas en sus estándares de belleza, la alternativa era resignarte a prendas sin alma ni identidad.
En Silver Moon rompimos esa regla de la industria. En nuestro taller propio serigrafiamos a mano la obra de Klimt sobre prendas negras, cuidando cada detalle de la estampa para que la sutileza de la línea se mantenga impecable, ya sea en una calza oxford, una musculosa, un tote bag o una camperita de plush.
Lo hacemos porque creemos que el arte clásico no es para estar guardado en un museo ni para vestir únicamente a unos pocos. Y lo sostenemos con una política de talles reales que va del S al 4XL como un compromiso irrenunciable desde el primer día, acompañándote con medidas exactas de cadera, cintura y muslo para que te midas en casa y elijas con total seguridad. Sin engaños y con la honestidad de la producción artesanal local.
Llevar el arte en la piel es una forma de habitar el mundo con sensibilidad y firmeza.
