Hay días en el calendario que parecen conspirar para despertar nuestra creatividad. Fechas como el 1 de octubre —que une el Día Internacional de la Música y el aniversario del nacimiento de Emilio Pettoruti— nos invitan a frenar un segundo y preguntarnos de qué están hechas las cosas que nos emocionan.
A primera vista, un pentagrama lleno de notas musicales y un lienzo cubierto de colores y geometrías parecen habitar universos completamente separados. Sin embargo, si miramos con atención, descubrimos que comparten un latido común: el ritmo.
Pettoruti y la geometría del sonido
Emilio Pettoruti no fue un pintor tradicional; fue un revolucionario. Al traer las vanguardias europeas a la Argentina a principios del siglo XX, supo que el espacio pictórico no tenía por qué ser una simple ventana estática. A través del cubismo y el futurismo, sus obras comenzaron a fragmentar la luz y las formas con una precisión casi matemática.
Si te detenés frente a cuadros como El arlequín o sus famosas composiciones con instrumentos musicales (como guitarras y copas), vas a notar algo fascinante: parece que se pudieran escuchar. Los planos se superponen como notas en un acorde, las líneas guían nuestra mirada de izquierda a derecha como si siguiéramos una partitura, y los colores resuenan con una armonía visual impactante. Pettoruti logró que la pintura tuviera su propio compás.
Dos mundos que laten al mismo ritmo
La música y el arte visual tienen el mismo superpoder: nos atraviesan antes de pasar por el filtro de la razón. No necesitamos entender de teoría musical para que un solo de guitarra nos erice la piel, ni tener un posgrado en historia del arte para emocionarnos frente a una obra maestra en un museo. Ambas disciplinas nos hacen vibrar por dentro.
En nuestro recorrido cotidiano, ya sea creando, buscando inspiración o disfrutando de aquello que nos apasiona, solemos transitar ambos caminos. El arte está en todos lados: en un cuadro que te detiene en seco, en ese disco de rock nacional que te acompaña en el taller, o en la manera en que elegimos vestirnos y expresarnos cada día.
El arte como punto de encuentro
El arte y la música son refugio, impulso y identidad. Nos conectan con lo que fuimos, con lo que somos y con lo que queremos transmitir.
Queremos abrir el juego y llevar esta charla más allá de las pantallas y los pinceles. Por eso, hoy te preguntamos a vos:
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¿Sos más de rock o más de museo?
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¿O, como nosotras, vivís surfeando entre las dos cosas?
Dejanos tu respuesta en los comentarios y sigamos haciendo que el arte, en todas sus formas, siga sonando fuerte. 🎸🖼️
¿Qué te parecieron estas versiones, Sachu? ¿Querés que le hagamos algún ajuste en el tono o que profundicemos más en algún detalle?
